En 1982 conocí a quién sería mi esposo, el SEÑOR HUBERT MICHEL DORFSTECHER, a través de unas amistades alemanas que me invitaron a su casa. Ahí, lo primero que se nos ofreció fue una Salchicha Bratwurst, ya que su hobby era hacer salchichas, pues en su natal Alemania había estudiado un poco de carnicería, aunque su profesión era en realidad la de ingeniero Eléctrico. El trabajaba en México dentro de la fábrica Volkswagen de Puebla, en donde tenía el cargo de Gerente de Montaje SIEMENS México. Obviamente, en Volkswagen había muchos alemanes como mi esposo. Estos se reunían después del trabajo y entre todos ayudaban a mi esposo a elaborar embutidos.
Hubert y yo nos casamos el 9 de Enero de 1983 en mi natal Puebla. Cuando se terminó su contrato, me pidió que nos fuéramos a su país, pero no acepté porque aunque Alemania es un país precioso, sinceramente no me llamó la atención irme a vivir allá. Mejor convencí a mi esposo de quedarnos en México y él aceptó. Sólo lo acompañé a su país a renunciar a su empleo en Siemens.
En el lapso que estuvimos en Alemania se inscribió en una escuela de carnicería y con la ayuda de los amigos de su pueblo, perfeccionó sus conocimientos sobre el negocio de los embutidos.
Llegamos a Cancún invitados por un amigo de mi esposo, quien había abierto un restaurante de comida alemana. El nos sugirió dedicarnos a producir salchichas. Aceptamos y en 1984 decidimos radicar en esta hermosa ciudad. Nos establecimos en una vieja palapa en Puerto Juárez, en donde empezamos a trabajar de inmediato.
Fueron hechas por las manos de mi esposo, ya que no teníamos dinero suficiente para comprarlas. Recuerdo que una de las máquinas, una Cutter para la mezcla de ingredientes, funcionaba con el motor que mi esposo le había quitado a su "Vocho". También hizo una embutidora y después un horno con ahumador. Así nació este pequeño negocio, gracias al esfuerzo de mi esposo y a la ayuda que siempre le proporcioné.
Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para ganarle al calor. Inmediatamente enfrentamos otro reto: abrir mercado. Fuimos rechazados muchas veces, porque nadie nos conocía, ni a nuestros productos. Visitamos hoteles y restaurantes entregando pruebas del producto para que lo compararan... fue una tarea difícil, pero gracias a nuestra constancia y fé, poco a poco nos fueron aceptando los clientes.
Fue entonces que pudimos contratar a los primeros empleados para la fábrica, aunque nuestro taller solamente medía ocho metros cuadrados. Con el tiempo y mucho trabajo pudimos expandirnos y contar con más empleados, más espacio y más máquinas.
Mi esposo se encargaba de la producción y yo de repartir, facturar y cobrar, así como atender a nuestros pequeños hijos Jennifer Michel y Jörg Michel... les puedo asegurar que mis hijos conocen casi todos los hoteles de Cancún, por lo menos las zonas de carga y descarga porque siempre los llevé conmigo a trabajar.
Todo iba más o menos bien, pero en septiembre de 1988 vino el Huracán Gilberto... y se llevó el techo de nuestra palapa. Ustedes recordarán que Puerto Juárez fue literalmente devastado por el huracán Gilberto y, por supuesto, nosotros fuimos afectados.
No nos desanimamos. Empezamos poco a poco a recuperar nuestras cosas y trabajando arduamente salimos otra vez adelante. Arriba del taller pudimos levantar una casa habitación y abrimos un restaurante, donde vendíamos los productos que fabricábamos... fue una época muy linda.
Pasaron algunos años hasta que en el año 2001, el sépimo día de abril, falleció mi esposo. Me quedé sola con mis dos hijos, Jennifer y Jörg, de 17 y 15 años respectivamente. Otra vez enfrenté tiempos difíciles, pero he sido reconfortada con el cariño de mis hijos.
En estos años me he enfrentado a la vida, con la seguridad y el reconocimiento de que cuento con la ayuda de Dios, quién me ha dado fortaleza y fuerza para seguir adelante.
Puedo asegurar con orgullo y satisfacción que nuestra empresa goza de muy buen prestigio. Hemos podido adquirir más equipo y maquinaria y ampliar el taller. Actualmente trabajamos con un equipo de 15 empleados y 3 camionetas de reparto. Tenemos capacidad para producir 1000 kilos de productos por día.
Servimos en forma eficiente al mercado de Cancún, Riviera Maya y Playa del Carmen. Confiamos en conservar a nuestros clientes y en seguir creciendo.
Nuestra mayor garantía de calidad es que fabricamos para cada cliente productos recién acabados, con condimentos alemanes y sin ningún tipo de conservadores. Nuestros productos tienen un sabor legítimo, sin alteraciones.
Solamente quiero concluir manifestando que seguiré poniendo mi mayor empeño, esfuerzo y atención . Estoy convencida que no debo dar ni un solo paso hacia atrás. Creo que la vida es justa. He puesto toda mi fe y mi trabajo. Tengo una vida muy activa pero tranquila y feliz. Sólo espero que un día mis hijos prosigan con este negocio que fundamos su padre y yo. Deseo de todo corazón que lo tomen con el amor que nosotros le pusimos desde el inicio.
María Mercedes Rodríguez de Michel
Fundadora